Anton era un chico de lo más normal. Le gustaba salir, le gustaba pasear, le gustaba tocar guitarra, le gustaba hacer música. Iba a fiestas, como todos los demás. Se paseaba por la pista y baila una que otra canción. Era de los chicos que si los presentan no causan alguna sensación. Unos dicen que era un "cuero", pero para la mayoría no lo era. Su imagen era medianamente espantosa. A veces le importaba como se veía, otras veces no le hacía el menor caso.
Siempre quiso ser el mejor, se afanaba por instantes, pero casi siempre llegaba a nada. A veces alegraba a la gente; otras, las hacia enfadar, pero pocas veces hacia eso. Era el papel higiénico de sus conocidos. Era el banco sin intereses. El paño de lagrimas de muchas, la almohada de otros; claro que él hacia lo mismo con ellos, pero en menor medida. Siempre decía que uno era útil en la medida en que era utilizado por los demás. La gente le era importante, pero no tanto como para querer ser popular. Sin embargo, un tiempo pensó en ser rockstar. Hacía música. En otra cosa no figuraba, solo en los estudios donde relativamente era inteligente. Le gustaba el sexo... ¿como todos, no? Tuvo sus relaciones a los quince. Muchas veces él mismo se creía sus mentiras.
Tenia amigas y amigas...como todo el mundo. Pensaba diferente a la mayoría de su edad, pero no por eso era original. No era nada orgulloso. Era un simple afanoso. El mismo se definía como mierda de oro. Interesante para un ser que solo tiene menos de dos décadas de vida. Le gustaba reírse, hablar con la gente, mas, a veces, la gente le llegaba al carajo.
Se enamoró hasta cierto tiempo, pero se dio cuenta que era un simple desgaste de energía. Al final, siempre se enamoraba levemente, pero ya no como lo hacia antes. Siempre tenía un ideal de chica, a la cual ninguna llegaría y por eso no tenía temor a la muerte, porque ahí vería a su ángel. Ama el mar, por eso sabe nadar. Quiere ser el mejor nadador, pero no sabe si el impulso le dará. Indeciso hasta decir basta y por eso cree que una fuerza superior lo ha atado a estar solo. ¿Es guapo? Nadie lo sabe. Si le preguntaras a él claro que diría que ¡NO! ¿Alguna chica se ha enamorado de él por el simple físico? Pues sí, pero en su opinión todas esas no servían. Así era de egoísta, pero no se explicaba porqué no lo odiaba más gente. En el fondo era bueno y llegaba a caer bien a las personas. Cosa que a él ya le llegaba, pero prefería eso que vivir toa su vida odiando. El odio es una pérdida de tiempo al fin y al cabo.
Se deja llevar por la música. Es su vida. Muchas veces pensó en hacerla su vida, pero su falta de ánimos amenazó con llevarlo a la miseria.
Ama la naturaleza. La cree viva. Escucha su música. Trata de hacer ver a los demás el secreto que está en eso que llamamos vida.
Anton era la vida o la muerte. Era el odio y el amor. Era el negro y blanco. Anton era la contradicción, una contradicción natural. Anton quería amar, pero algo se lo impedía. Tal vez tenía una misión de la cual él nunca se enteraría. Al no encontrar lugar en el mundo de los demás se propuso la misión de hallar un mundo original, tal vez liberarse de su campo y salir. Lo que el quería era no ser común. El quería ser ORIGINAL y en eso pasó toda su vida. Y se dio cuenta que hasta el intento de ser original era ya algo común. Que en su juventud todo lo que hacía era lo que hacía la juventud, cuestionarse y toda esas cosas. Estar solo o estar con pareja también era común. No encontraba algo que fuera diferente y único. Hasta estar vivo era común y morir... ¡mucho más! Hasta el decir original era algo común. Tal vez el único original fue el hombre que inventó esa palabra. Pero al final, encontró algo que no podía ser común: su alma. Pero para eso tendría que morir, lo que lo llevaría a ver a su ángel. ¿Un emo? para nada. Siempre dio la mejor cara y vio con optimismo y pesimismo la vida. Era un simple chico normal y corriente...que ya no quería serlo.
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