Me desperté a la mañana siguiente como cualquier dia de abril. Mis manos estaban secas y mis labios resecos de tanto dormir con la boca entreabierta. Vi mi ventana con el alba desparecida y distingui un poco de cielo azul, del poco que queda en la ciudad. Dirigí mi vista hacia el pequeño muro en donde me solía colocar de rodillas llorando lo infeliz que era por no tener una relación alguna o porque la chica que más me gustaba solo era un sueño inalcanzable. Sí, cuántas veces mentí en que la había besado, cuántas veces dije que había caminado agarrado de su mano, cuántas veces me había hecho cartas hacía mi mismo asumiendo su identidad. Había pasado mucho tiempo de aquello, pero aún podía verme llorando de rodillas.
No me importó ese pequeño percance y salí a tomar el bus que me dirigiría a mis clases en la universidad. ¡Oh sí! Ya era un universitario hecho y derecho. Alumno normal en las clases y con ciertas risas entre los descansos. Ese era yo.
De vez en cuando, mis ojos veían el cielo un poco teñido de gris y las calles entre aceras y árboles. Quería verme yo en ese cuadro, al lado de la chica que siempre amé y de la que siempre estuvo a mi lado. Ahora da igual, las dos estan en caminos separados.
Llegué a mi casa, arroje la botella de gaseosa al basurero y procedí a encender la computadora. Eran las 6 de la tarde, una hora muy típica para entrar al msn. Un poco del sonido del teclado, ventanas que emergen y desparecen. Tarde común y amena con un poco de indie rock.
Sin embargo, había algo que me atormentaba en la mente. Era ese algo que había tenido desde la mañana y había continuado en las horas de clase. Había salido por mis ojos y por mis recuerdos. Había salido por mis palabras y mis continuas meditaciones.
Mi noche se volvió diferente. El niño arrodillado, la imagen querida que nunca aparecerá, las mentiras de antes y que a veces uno dice. Todo eso era parte de algo. No lo podía soportar, es que uno no lo comprende hasta que lo vive. Me sentí invadido por el temor que todas esas cosas conllevaban luego de mil vueltas en la cabeza.
Era el temor de la mentira dicha por presión, de la tristeza encerrada y capturada en uno mismo a causa de los demás, la esperanza de que un día los pasos de ella y los mios coincidan otra vez en paz. En sí, la penuria de nunca haber decidido nada y que el "que dirán" haya consumido todas mis decisiones.
Estimado lector...esperen...ni los conosco y ya los estimo. Mejor dicho, persona que me lees, la sensación de descubrir eso fue un golpe total. Amanecer normal una mañana y anochecer siendo un simple estúpido sin decisión y con el tiempo safado de su reloj fue lo más escalofriante y triste que pudo haber pasado en mis pocos 18 años.
Ya lo había entendido, entre tanta oscuridad y luz, había visto el problema. ¡Demonios! Agarré mi reloj y lo destrozé contra el piso. Destruí el tiempo en longitud porque nunca me había dado el verdadero pasar del tiempo. También destruí mi calendario. Simplemente no quedó rastro de él. Lo eliminé porque nunca marcó el tiempo en días, meses y años. Porque simplemente, según ese objeto, yo había vivido 18 años, cuando en realidad ni siquiera había nacido......

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